Filosofia i Pensament Ramon Alcoberro amb la col·laboració de Júlia Torres i Canela

¿PERMITEN LAS PALABRAS CONOCER LAS COSAS?

Se dice que en filosofía hacemos cosas con palabras. El instrumento filosófico fundamental es el lenguaje, se la misma manera que la herramienta básica de la ciencia es el cálculo. La filosofía necesita fundamentalmente del lenguaje, pero el lenguaje humano es básicamente polisémico y ambiguo, mientras que un cálculo ha de ser exacto. De ahí la inevitable ambigüedad de las respuestas filosóficas.

Algunos filósofos no usan prácticamente un vocabulario especializado y, de hecho, se puede leer a Rousseau o a Nietzsche sin encontrar ningún término “extraño”. Otros, como Kant o Hegel, sin embargo, usan conceptos cuyo significado está muy lejos del sentido habitual o inventan un vocabulario propio, a veces más o menos inspirado en términos griegos o latinos que reelaboran. El lenguaje filosófico muchas veces restringe el significado de palabras de uso corriente y les da un significado técnico, más o menos especializado. Pensemos, por ejemplo, en la palabra “razón”. En filosofía “razón” significa esencialmente la capacidad de juzgar, es decir, de emitir un juicio razonable, en el sentido de “justificado” o “argumentado”.  En el lenguaje ordinario, en cambio, decimos “tengo razón” o “no hay razón para…” o apelamos a la “razón de Estado”. Algo parecido sucede con la palabra “substancia”. En el lenguaje corriente la substancia es lo esencial, lo nuclear, en alguna cosa. Así nos referimos a “la substancia de un proceso” o a “lo substancial de un acto”. En filosofía, en cambio, desde Descartes y Spinoza “substancia” es “lo que existe por sí mismo”. (en Spinoza “aquello cuyo concepto no tiene necesidad de otra cosa para formarse”).

El lenguaje humano está constituido por dos tipos de términos distintos: por una parte, hay en él “términos fisicalistas” cuyo referente último es algo material. Si alguien no sabe qué significan palabras como “casa” o “flor”, basta con mostrárselos y asunto terminado. Eso se puede expresar en los términos del lingüista Ferdinand de Saussure diciendo que el significante la palabra “casa”, tiene un “significado”. La unión de un significante y un significado es un “signo” y los signos los aprendemos por herencia cultural. Aunque a veces pueden mutar a lo largo del tiempo, los signos son básicamente estables. Pero los humanos somos también capaces de crear “términos mentalistas”, es decir, aquellos cuyo referente no es algo material sino un estado de ideas. Términos como “justicia” o “libertad” son de este tipo. Algunas veces un término pude tener un significado técnico de tipo fisicalista y otro más especializado de tipo mentalista. Eso sucede, por ejemplo, con la palabra depresión. Pueden deprimirme unas imágenes que veo por la televisión, pero la depresión es también una enfermedad (objetiva) y un estado de ánimo (subjetivo). Conceptos como “gustar” pueden hacer referencia a algo objetivo (me gusta el chocolate) o un sentimiento subjetivo, de carácter (me gusta un cuadro, o una persona).

Las palabras no son las cosas (la palabra “amor” no es “amable”, por así decirlo), pero sin palabras, o por decirlo con mayor propiedad, sin designar las cosas mediante palabras, no hay pensamiento ni mucho menos aún pensamiento filosófico.  Los términos mentalistas tienen, además, una característica importante que es su “productividad”. Cuando somos capaces de concebir que existen la libertad, la dignidad o la justicia tendimos a realizar un tipo de acciones que sin estas palabras no habríamos realizado jamás. Incluso es posible morir por la libertad, por la dignidad o por la justicia; como si estas palabras tuviesen un significado tan claro y distinto como “casa” o “campo”. La filosofía es, en lo fundamental, un esfuerzo por clarificar el significado de términos mentalistas que, por ellos mismo, no existen en la realidad pero que son capaces de crear una realidad mucho más significativa.

 

Preguntas:

1. ¿Cuáles son las características de un término mentalista?

2. Pon cinco ejemplos de términos mentalistas y justifícalos.

3. ¿Por qué el análisis y la clarificación de los términos mentalistas es central para la filosofía?

4. ¿En términos de uso del lenguaje natural, qué diferencia hay entre una cuestión filosófica y un problema científico? ¿Por qué?

5. ¿Crees que las emociones pueden ser adecuadamente descritas por términos mentalistas o solo pueden ser evocados por ellos? Justifica la respuesta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

© Ramon Alcoberro Pericay