Filosofia i Pensament Ramon Alcoberro amb la col·laboració de Júlia Torres i Canela

¿QUÉ ES UNA PREGUNTA FILOSÓFICA?

   Si algo puede decirse de los humanos es que son animales que experimentan curiosidad ante el mundo y ante sí mismos. La forma de la vida humana consiste en la interrogación, en la sorpresa, en la duda. El camino de cada vida está jalonado de preguntas personales que pueden ser fútiles o fundamentales, prácticas o teóricas. Hasta donde sabemos ningún otro animal se interroga a sí mismo, ni interroga a su entorno más allá de lo que le indica su propio instinto.

   Cuestionar es un término que puede usarse como mínimo en dos sentidos. En un primer momento una cuestión es una pregunta; algo que simplemente no sabemos lo resolvemos preguntando, cuestionando. Si pregunto “¿qué hora es?” Y me responden “las once y cuarto” obtengo una respuesta que me permite, por ejemplo, gestionar mejor mi tiempo o que me recuerda que todavía tengo mucho trabajo por hacer. Pero cuando las preguntas nos producen una cierta inquietud o una preocupación más profunda, tal vez porque de su respuesta dependen cosas importantes en nuestra vida, el cuestionamiento adquiere una importancia filosófica central. Ese cuestionamiento en profundidad, a veces incluso no explicitado, porque no disponemos de un vocabulario suficientemente claro como para plantear las preguntas, es lo que podemos considerar una pregunta filosófica.

 De hecho existen dos grandes tipos de preguntas radicales, las de la ciencia y las de la filosofía. Ambas nacen de la sorpresa que nos produce nuestra relación con el mundo, con los demás seres y con nosotros mismos, pero se responden de maneras distintas. La ciencia trabaja mediante protocolos experimentales, ofrece solo respuestas provisionales que ella misma pude poner en duda si aparecen nuevos datos que la pongan en crisis. Sucede muy raramente que la ciencia ofrezca una respuesta ´´ultima” o definitiva, como sería el caso, por poner un ejemplo, de la experiencia de Michelson y Morley que nos permiten afirmar, sin duda, que la velocidad de la luz en el vacío es constante. Además las preguntas científicas son por ellas mismas “productivas”, es decir, cada respuesta nos lleva a nuevas cuestiones, cuando no a nuevas perplejidades. La pregunta filosófica, en cambio, no depende necesariamente de la experiencia.   No hay experimentos que nos permitan afirmar taxativamente que “el hombre es un lobo para el hombre”, como afirmaba Hobbes o que en el estado de naturaleza el hombre es intrínsecamente bueno, como sostenía Rousseau.

Además, la filosofía – a diferencia de la ciencia – no es acumulativa, es decir, no progresa. El mejor manual de física es el último que ha aparecido, porque es el que nos dice en qué estado se encuentra la física ahora mismo. Pero la filosofía de Descartes no es “mejor” que la de Platón. Ambos filósofos tienen un lugar significativo cuando nos preguntamos qué es el ser o qué es la verdad. Las ideas científicas de Descartes sobre la naturaleza o sobre la luz fueron desmentidas por experimentos científicos posteriores, pero la tesis cartesiana según la cual el pensar y el ser son lo mismo (o si se prefiere, que “pensar es mi forma particular de ser en tanto que humano”) sigue siendo un elemento significativo para plantear filosóficamente el lugar del pensamiento en el mundo.

 En tercer lugar, una pregunta filosófica es universal. Eso no significa que se la planteen inevitablemente todos los humanos. Tampoco quiere decir que las respuestas sean inevitablemente objeto de un consenso. Los científicos se ponen de acuerdo sobre las consecuencias de sus observaciones y las expresan generalmente en un lenguaje matemático. Cunando se dice que una pregunta filosófica es “universal” eso quiere decir, y no es poco, que la respuesta a la cuestión ha de valer para todos los humanos y no solo para unos pocos. Eso, además distingue a la filosofía respeto de la política. Un problema político es circunstancial y la respuesta que le demos dependerá de las circunstancias concretas o del poder del que alguien disponga en un momento determinado. En cambio la pregunta filosófica se refiere al Hombre (en el sentido de “Humanidad”) y no solo a un grupo determinado de humanos.

   Finalmente la filosofía es el producto de un razonamiento y no solo de una experiencia (vital, subjetiva) o de un experimento (científico, objetivado por ejemplo mediante un cálculo). Filosofía y ciencia han de ser “razonables”, en el sentido de ser productos de la razón, y no pueden derivar pura y simplemente de opiniones subjetivas. En filosofía una pregunta central es ¿cómo sabe usted algo?, y no simplemente ¿qué sabe usted? El camino recorrido, la capacidad de reflexión, es tan importante como la respuesta. Si algo se sabe como consecuencia de la fe no es filosofía sino religión; y si se sabe por una pura emoción estaremos ante una intuición – incluso de carácter poético – pero no de un razonamiento filosófico. Cando el pintor dice que el color azul es bello o cuando el sacerdote afirma que Dios nos ama, el filósofo ha de responder preguntándoles ¿y como lo sabe usted?

 

Preguntas:

1. ¿Qué diferencia una pregunta científica de una pregunta filosófica?

2. ¿Cuáles son las características de una pregunta filosófica?

3. ¿Por qué en filosofía no existe una noción de “progreso” equiparable a la del progreso científico?

4. ¿Qué diferencia hay entre una cuestión filosófica y un problema político?

5. ¿Qué relación tiene una pregunta filosófica con una experiencia subjetiva?

 

 

 

 

 

© Ramon Alcoberro Pericay