Filosofia i Pensament Ramon Alcoberro amb la col·laboració de Júlia Torres i Canela

DIÓGENES, La NORMA y EL MARGEN

¿Fue Diógenes un filósofo tan absolutamente rompedor como nos parece desde nuestra perspectiva postmoderna? Mathilde Cambron-Goulet escribió un artículo muy desmitificador sobre este tema (“Les Cyniques, penseurs dans la marge et citoyens de la marge” – Cahiers des études anciennes, XLIV, 2007, disponible en Internet) que matiza bastante la tesis del cinismo como ruptura de la norma. Algunas de las formas cínicas de provocación estaban muy “normalizadas”, por así decirlo, en el mundo antiguo.

Diógenes Laercio (nuestra principal fuente para el conocimiento del cinismo antiguo) estaba especialmente interesado en las anécdotas más chocantes sobre la vida de los pensadores cínicos. Como la mayor parte de los textos de la escuela se han perdido, la visión más anecdótica ha substituido al análisis conceptual y, las más de las veces, lo que tenemos hoy son visiones muy subjetivistas del movimiento cínico. Sabemos más de su modo de vida que de sus doctrinas, aunque obviamente entre una y otras no podemos suponer diferencias insalvables. Así se ha construido una imagen dionisíaca y “lúdica” del cinismo, muy de acuerdo a nuestra mirada postmoderna, aunque no necesariamente enraizada en la tradición clásica.

Pero actualmente algunos autores comienzan a defender, basándose en la cuestión socrática, que el cinismo no fue tan extraño a la tradición griega, ni tan rompedor como parece, aunque sí fuese un pensamiento desde el margen. Para Mathilde Cambron-Goulet, la marginalidad de los cínicos, aunque pueda parecer chocante, en realidad arraiga en una concepción bastante tradicional del sabio en la cultura griega. Por lo menos a nivel conceptual, las ideas, e incluso el modelo de vida cínico no difería en exceso de lo que había defendido la tradición griega. Los cínicos fueron partidarios de la “autarquía”, la autosuficiencia del sabio, lo que desde Sócrates y Platón no era ninguna novedad. La Ciudad platónica era autárquica, abundante y autoregulada. También los dioses se bastan a sí mismos. Predicar, pues, la autarquía nada tenia de extraño en el contexto filosófico griego.

La autarquía implicaba una concepción bastante sofisticada de la igualdad social y de la abundancia – a la vez que era el modelo de la conducta de los dioses. Por definición, los dioses no tienen necesidad de nada y comen un alimento especial, néctar y ambrosía, que los sacia absolutamente. Y así el filósofo quiere vivir autárquico como los dioses.

 

 

 

 

 

 

© Ramon Alcoberro Pericay