Filosofia i Pensament Ramon Alcoberro amb la col·laboració de Júlia Torres i Canela

LA HUELLA DEL ENFOQUE DE LAS CAPACIDADES EN LA FILOSOFÍA POLÍTICA

Ramon Alcoberro

En el capítulo 7 de su libro Crear capacidades Propuesta para el desarrollo humano (ed. original, 2011, trad. esp. 2012) Martha Nussbaum trata de mostrar que: «La conexión entre las oportunidades humanas y las ideas de derecho básico y justicia está presente en todas las culturas y países (…)»  de manera que en todas las culturas se ha considerado injusto (en sus palabras: una falta de justicia básica) que las personas no puedan llevar adelante sus proyectos de vida personales. Para ello se refiere a pensadores indios como Rabindranath Tagore y Mahatma Gandhi que han influido profundamente en las formulaciones del maestro de Nussbaum, Amartya Sen. Pero Nussbaum reconoce también a John Stuart Mill una importancia central como precursor en la formulación de su enfoque de las capacidades.

Nussbaum escribe que: «En cierto sentido, la fuente occidental más antigua del enfoque de las capacidades se encentra en Sócrates, quien puso de relieva La importancia del pensamiento crítico a través del diálogo con otras personas. Sócrates carecía, sin embargo, de una teoría política elaborada. Así que la fuente occidental histórica más temprana e importante, del enfoque de las capacidades es, en realidad, el pensamiento ético y político de Aristóteles».

 

Aristóteles

Nussbaum considera que Aristóteles «animaba [a los políticos] a que produjeran capacidades o oportunidades para sus gobernados» (p.151). Es decir, en su lectura, la función del político de matriz aristotélica no consiste actuar con paternalismo, sino en crear básicamente mediante la educación, las capacidades (o si se prefiere capacitaciones) para que sean los ciudadanos, ellos mismos, quienes busquen su lugar en el mundo.

No se trata de que los políticos animen a la ciudadanía a enriquecerse pues, para Nussbaum y la tradición aristotélica, la riqueza, «no es más que un medio y los valores humanos que deberían guiar la planificación política se verían terriblemente degradaos si la riqueza fuese entendida como un fin en sí misma» (p. 152). Para lograr que los ciudadanos se capaciten, Aristóteles (siempre en la lectura que de él hizo Nussbaum) tampoco era partidario de concebir el fin general de la planificación política como una especie de objetivo homogéneo, único, que solo pudiera variar en cuanto a su cantidad. En otras palabras, debe haber muchas maneras de acceder al desarrollo y a la extensión de nuestras capacidades y esas formas de capacitación resultan, finalmente, inconmensurables entre sí.

En Aristóteles encuentra Nussbaum una primera justificación del tema de las capacidades. Debemos capacitarnos porque somos seres físicos (y no espíritus) cuya existencia resulta vulnerable. La vulnerabilidad no se puede suprimir jamás del todo, pero un buen gobierno es el que la minimiza tanto como le resulta posible. En todo cas, Aristóteles aún seguía creyendo que hay una concepción del florecimiento humano mejor que otras y en la lectura que propone Nussbaum; solo con los estoicos aparece con claridad la idea de que todo ser humano, por el simple hecho de serlo, es poseedor de dignidad y merecedor de reverencia. Para los estoicos, según Nussbaum, «Los estoicos enseñaban que todo ser humano, por el simple hecho de serlo, es poseedor de dignidad y merece reverencia. Creían que nuestra capacidad para percibir distinciones éticas y para formular juicios éricos era el “dios” que hablaba desde nuestro “interior” y que, como tal, era digna de ilimitada veneración (p. 155)».

Des esta manera: «La idea de dignidad humana y de su valía ilimitada e igual para todas las personas es la aportación principal del estoicismo al enfoque de las capacidades».

 

Smith, Paine Mill y las capacidades

En el siglo XVIII la Ilustración, imbuida como estaba de principios estoicos y de exigencia de libertad de conciencia después de las guerras de religión que habían devastado Europa, incide también en el enfoque de las capacidades. No es solo que los ciudadanos deben tener libertad y capacidad para optar por algún credo religioso o por no hacerlo por ninguno. También el Estado debe garantizar las capacidades mediante la educación. Adam Smith, en particular, consideró en La riqueza de las naciones que la fragilidad de la dignidad humana estaba en parte fundamentada por la falta de educación de las clases más desfavorecidas. Según escribe Nussbaum:

«Smith supo intuir algo que hoy forma parte esencial del enfoque de las capacidades, y es que las facultades humanas llegan al mundo en un estado incipiente o infravalorado, y precisan del apoyo del entrono –incluido el apoyo a la salud física y, en especial, en este caso, al desarrollo mental– para que maduren de un modo que esté a la altura de la dignidad humana» (p.163).

Por su parte, Thomas Paine habría completado este panorama de reivindicación de una actividad del estado para potenciar el libre desarrollo de las capacidades con una reforma detallada de la fiscalidad, basada en impuestos progresivos que permitan mayor igualdad social y que se ocupasen especialmente de los tres elementos que restringen el libre desarrollo de las capacidades humanas. Jóvenes, viejos y desempleados han ser especialmente apoyados pera que puedan desarrollar sus capacidades. Ayudar a jóvenes y mayores mediante subsidios es para Paine la manera de ayudar a que ellos tengan un apoyo al bienestar humano básico que exige, por lo demás una mayor intervención estatal.

El enfoque de las capacidades deriva, además, de los libros de otro pensador crucial, John Stuart Mill, cuyos escritos, en palabras de Nussbaum, «clarificaron la relación entre el autodesarrollo humano y la libertad política, y demostraron el daño que la discriminación había ocasionado en las oportunidades y las capacidades de las mujeres» (p. 168).

 

Conclusión

Para Nussbaum, como para Amartya Sen, el buen gobierno es aquel que actúa capacitando a los individuos para que ellos mismos puedan hacer crecer por su cuenta sus propias vidas. El desarrollo humano, especialmente tal como se ha entendido desde después de la II guerra mundial hasta inicios del siglo XXI, implica capacitar también a los individuos en temas que van mucho más allá de la educación y de la subsistencia diaria. Discriminaciones por motivo de raza, sexo o discapacidad física han de ser abordados mediante programas de capacitación. Capacitación, cooperación y justica social se implican necesariamente. A medida que aumenta la conciencia y la extensión de los derechos humanos se desarrollan también las capacidades que conviene desarrollar.

Nussbaum tiene un gran interés por mostrar que ese enfoque de la libertad como capacidad no es nuevo, sino que recoge lo mejor de la tradición filosófica democrática y de su confianza en el poder creador y activo (o si se prefiere “activador”) que posee la libertad humana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

© Ramon Alcoberro Pericay