Filosofia i Pensament Ramon Alcoberro amb la col·laboració de Júlia Torres i Canela

RECOMENDACIONES DE GEORGE ORWELL PARA UNA VIDA DE DECENCIA COMÚN

George Orwell hoy es mucho más que el autor de “1984”, “Rebelión en la granja” y “Homenaje a Catalunya”, tres obras maestras de la literatura del siglo XX, imprescindibles para entender el significado de la lucha contra el totalitarismo. No solo fue el primero en observar que la tecnología, aliada a la política, se iba a convertir en un instrumento del totalitarismo cotidiano (cosa que hoy podemos comprobar en las redes sociales), sino que propuso un concepto, “common decency”, en nombre del cual se hace posible la respuesta a una sociedad donde la irracionalidad tecnológica asfixia la libertad personal.

“1984”, “Rebelión en la granja” y “Homenaje a Catalunya” de Orwell se han convertido en textos con valor de referente moral, imprescindibles para entender los valores públicos sobre los que debería fundamentarse una sociedad democrática. Resumimos algunos de los ejes básicos de su pensamiento civil.

 

1.- CULTIVAR LA “COMMON DECENCY”: Orwell usaba la expresión “common decency” para calificar una serie de atributos del carácter y de la conducta humana que le parecían fundamentales: honestidad, sencillez, generosidad, respetabilidad, estoicismo… Sin idealizar al pueblo, actuar con decencia es el comportamiento que natural de la gente normal y corriente, por oposición a la indecencia manipuladora del poder político y de la prensa. La decencia ordinaria vendría a ser en sentido amplio una facultad sensible de evaluación moral, previa e imprescindible a cualquier norma moral. No mentir, ni mentirse a uno mismo, no poner el deseo por encima de la realidad, no manipular, etc., son normas de decencia ordinaria.

 

2- PONER LOS HECHOS POR DELANTE DE LA IDEOLOGÍA: Cuando vivimos en tiempos de “postverdad” y de “hechos alternativos”, recordar que los hechos existen y que ninguna causa justifica que se los oculte es una de las enseñanzas centrales de la decencia ordinaria. En la Catalunya de la guerra de 1936-1939 Orwell se hizo consciente de hasta que punto los diarios no contaban lo que realmente sucedía, sino que copiaban lo que contaba la propaganda comunista. En una carta de 1938 escribió: “lo que me pone enfermo de las gentes de izquierda, especialmente de los intelectuales, es su absoluta ignorancia sobre la manera en que las cosas suceden en la realidad. Esto ya me sorprendió cuando todavía estaba en Birmania y tenía la costumbre de leer su literatura antiimperialista”. La verdad no es una “ideología” como cualquier otra, sino la condición misma de una sociedad decente. Una anécdota del propio Orwell muestra hasta que punto se tomaba en serio la verdad. Al corregir las galeradas de “Granja animal” (1945), rectificó la frase “Todos los animales, incluso Napoleón, se tiraron al suelo” (cap. VII), por “Todos los animales, excepto Napoleón…”. Napoleón es Stalin y Orwell sabía que Stalin se había quedado en Moscú durante la II Guerra Mundial, dando pruebas de valor. Y el reconocimiento de los hechos era más importante para él que el odio que sentía hacia la persona que más detestaba en política.

 

3.- TENER CURIOSIDAD POR TODAS LAS COSAS: En su ensayo “¿Por qué escribo?”, dijo que mientras estuviese vivo no le gustaría abandonar la visión del mundo que tenía cuando era niño. Para Orwell conservar el amor infantil por los árboles, los peces, las mariposas, los sapos… era “lo que hace un poco más probable la posibilidad de un porvenir apetecible y decente.”

 

4.- PONER LO HUMANO POR ENCIMA DE TODA OTRA CONSIDERACIÓN: Para Orwell la ideología y “la náusea de las pequeñas ortodoxias” mata la humanidad. En Homenaje a Catalunya narra un episodio en que ve a un enemigo saliendo de la trinchera aguantándose los pantalones y decide no abatirlo, simplemente porque “una persona que está a punto de perder sus pantalones no es un fascista; es manifiestamente una criatura como usted y como yo que pertenece a la misma especie y a quien no se siente las más mínimas ganas de matar.”

 

5.- NO SUBESTIMAR NUNCA LOS REGIMENES AUTORITARIOS: Orwell consideró siempre que los líderes autoritarios son mucho más débiles de lo que sugiere su propaganda, porque acaban por perder la conciencia de la realidad. Orwell ha sido recuperado por el movimiento neocon, pero en su momento se opuso con fuerza a James Burham, politicólogo norteamericano y uno de los referentes del neoconservadurismo, porque este admiraba la dureza y la eficacia del totalitarismo soviético y deploraba la “decadencia” de Occidente. En 1946, cuando el prestigio de Stalin estaba en su zenit, Orwell escribió: “es demasiado pronto para decir de qué manera el régimen ruso se autodestruirá (…) pero, en cualquier caso, el régimen ruso o se autodestruirá o perecerá. El gigantesco, invencible y eterno imperio de esclavos en que parece soñar Burham no se establecerá, o si se establece, no durará porque la esclavitud no es ninguna base sólida para la sociedad humana.”

 

6.- DEFENDER SIEMPRE LAS LIBERTADES: Orwell escribió a Malcom Muggeridge en 1948 que: “la verdadera división no es la que se produce entre conservadores y revolucionarios, sino entre autoritarios y libertarios.” La libertad civil y política, que implica también el ejercicio de la libertad de crítica, es la condición de una vida decente.

 

7.- LUCHAR CONTRA LOS PROPIOS PREJUICIOS: Orwell prohibió expresamente que se escribiese su biografía, aunque no le hicieron caso, todo hay que decirlo. Pero su vida es la expresión de una lucha concienzuda y pertinaz contra sus prejuicios de clase y los propios de la época. Superar su terrible desconfianza hacia los pobres, su suspicacia ante los judíos (que se encuentra en sus primeros libros), su repulsión ante la gente de color, e incluso su difícil relación con las mujeres etc., le ocupó toda una vida. Solo la homosexualidad le produjo siempre escalofríos y un profundo rechazo moral, posiblemente porque de joven conoció la durísima vida de los internados masculinos en Inglaterra.

 

8.- HUIR ESPECIALMENTE DE LOS DOGMAS RELIGIOSOS: Orwell consideraba a los católicos como gente estúpida y deshonesta. Las creencias religiosas eran para él residuos de una época precientífica que permitían a los “curas abusadores”, explotar a la gente e impedir el progreso técnico, condición indispensable de una sociedad más justa.  Como Churchill consideraba que Gandhi era un falsario y detestaba su pose de santurrón. A propósito del líder indio escribió: “No hay ninguna duda de que el alcohol y el tabaco son cosas que un santo debe evitar; pero la santidad es también una cosa que los seres humanos deben evitar.”

 

 

 

© Ramon Alcoberro Pericay