ESTOICISMO, LOS TEXTOS BÁSICOS

El estoicismo nos ha llegado en textos muy fragmentarios y poseemos relativamente pocas fuentes originales enteras de sus doctrinas. De Zenón, por ejemplo, solo tenemos referencias secundarias y algunos fragmentos. Pero hay cinco textos básicos que conviene leer para hacerse una idea de las tesis básicas de los estoicos.

 

HIMNO A ZEUS – Cleante de Asos

La única obra del primer estoicismo que ha llegado hasta nosotros es un poema, breve pero majestuoso. Cleante consideraba que la poesía era un medio más eficaz que la prosa (e incluso que la prosa filosófica), para darnos a conocer lo divino. Los atributos tradicionales de Zeus, como el rayo, y un estilo heraclitano, basado en la unión de contrarios, permiten a Cleante dar vida al dios estoico, una razón omnipotente que recorre el conjunto del mundo y explica el menor de sus aspectos y la harmonía global que forma. El sabio es quien reconoce ese orden, se conforma a él y lo celebra, mientras que los malos se imaginan poder escaparse a él, pero son obligados por Zeus a seguirlo.

 

VIDA Y DOCTRINA DE LOS FILÓSOFOS MÁS ILUSTRES (libro VII) – Diógenes Laercio

Aunque posterior en cuatro siglos a la época de los primeros estoicos, el libro de Diógenes Laercio es el testimonio más preciso y más completo de que disponemos sobre ellos. En consonancia con la concepción antigua de la filosofía como forma de vida, Diógenes Laercio explora a través de numerosas anécdotas los acuerdos y desacuerdos entre las vidas de los estoicos y sus doctrinas. Empieza por la vida deslumbrante y ejemplar de Zenón, después expone las tres partes de la filosofía estoica: la teoría del conocimiento y su lógica rigurosa, la ética y sus paradojas acerca del sabio, la física y su panteísmo materialista. Narra después las vidas de los discípulos de Zenón, incluidos los heterodoxos, de Cleante a Crisipo, con la lista interminable (e incompleta) de las obras de este último.

 

 CONVERSACIONES – Epicteto

   Eclipsadas por la celebridad del Manual, más breve y contundente, estas lecciones de Epicteto, restituidas por Arriano, nos permiten descubrir un filósofo, que lejos de la tópica imagen ingenua del filósofo estoico; exhorta sin descanso a quienes le escuchan a superar las concepciones superficiales y mundanas de la filosofía, en provecho de una aplicación, modesta pero cotidiana y discreta pero rigurosa de los principios estoicos. Toda nuestra preocupación debe conducirse hacia el juicio, a su objetividad y a su coherencia, más que a las cosas o a los acontecimientos, y de esta manera no viviremos perturbados por nada. De paso, Epicteto refuta a los escépticos, da su opinión sobre la misión divina del cínico y muestra su agradecimiento a un dios extrañamente personal, sin mostrar jamás ninguna preocupación por el más allá.

 

DE LA VIDA FELIZ – CARTAS A LUCILO – Séneca.

Una de las mejores introducciones a la moral estoica. Contra las opiniones de la multitud. Séneca muestra en primer lugar la concepción estoica del soberano bien o de la felicidad como serenidad y libertad perfecta del alma, que presupone la coherencia y la firmeza perfecta de todos nuestros juicios, es decir, la virtud. Refuta a continuación les tesis epicúreas y aristotélicas que se niegan a reducir la felicidad a la moralidad. Además, Séneca azota a quienes calumnian la filosofía denunciando la inmensa riqueza de quienes la practican (¡y en particular del propio Séneca!). Muestra que no hay en ello incoherencia ninguna: la virtud no consiste en el rechazo de la riqueza sino en su buen uso.

La implicación entre la vida de Séneca y sus convicciones personales es llevada a la perfección en las Cartas a Lucilo, donde Séneca alterna consejos pedagógicos, extrados de los autores antiguos con comentarios filosóficos sobre su vida cotidiana y la de su corresponsal, discusiones sobre doctrinas estoicas y exhortaciones a progresar paso a paso hacia la sabiduría, componiendo así el más vivaz de los viáticos filosóficos.

 

PENSAMIENTOS (ESCRITOS PARA MI MISMO) – Marco Aurelio

El título que habitualmente se da al libro (Pensamientos o Meditaciones) es demasiado pascaliano y resulta engañoso porque no se trata de fragmentos sueltos sino de una especie de diario filosófico, no destinado a la publicación. Por eso es mejor llamarlo (Escritos) para mi mismo.  Comienza por una extensa y magnífica acción de gracias estoica en que Marco Aurelio consigna lo que debe a todos los que han participado en su educación. El emperador encadena a continuación textos breves en que una cita, una imagen impactante, ejemplos del pasado o un razonamiento implacable le sirven cada vez para convencerse de permanecer fiel y aplicar sus principio filosóficos ante todas las situaciones que la vida le depara: la fatiga de la guerra, las solicitudes inoportunas, la arrogancia del poder, los aparentes desórdenes del Universo… deben ser convertidas en una oportunidad para asumir con calma y sencillez el papel que nos ha tocado en la historia del mundo, ante la cual todos somos iguales. “Me desvelo para hacer la obra de un hombre.”

 

 

© Ramon Alcoberro Pericay